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¿Por qué los de Cajeme controlan el agua de Hermosillo?

¿Por qué los de Cajeme controlan el agua de Hermosillo?

En Hermosillo ya no basta con preguntar por qué falta el agua.

La pregunta de fondo es otra:

¿Por qué el organismo que administra el agua de la capital está dirigido por un funcionario formado durante más de dos décadas dentro del mismo grupo político de Cajeme que encabezó la oposición al Acueducto Independencia?

El director general de Agua de Hermosillo es Renato Ulloa Valdez.

Su trayectoria política muestra una continuidad difícil de ignorar:

  • De 2000 a 2003, trabajó con Ricardo Bours.
  • De 2003 a 2009, con Eduardo Bours.
  • De 2015 a 2018, dirigió Agua de Hermosillo durante la administración de Maloro Acosta.
  • Desde 2021, volvió a dirigir el organismo con Antonio Astiazarán.

No se trata de una coincidencia aislada ni de un funcionario que llegó recientemente al sistema. Se trata de más de veinte años dentro de gobiernos vinculados al mismo grupo político.

Los Bours son de Cajeme. Renato Ulloa también.

Maloro Acosta y Antonio Astiazarán formaron parte de la generación política impulsada por Eduardo Bours, conocida durante su gobierno como el “sub-17”. Cambiaron las administraciones y los partidos, pero el mismo funcionario permaneció ligado al mismo círculo.

Por eso la pregunta resulta incómoda, pero legítima:

¿Quién controla realmente el agua de Hermosillo?

Los opositores del acueducto administran el organismo que depende de él

Durante años, el grupo político de los Bours encabezó una de las mayores oposiciones al Acueducto Independencia, construido para llevar agua de la presa El Novillo a Hermosillo.

Hoy ocurre una ironía difícil de pasar por alto: un funcionario ligado durante décadas a ese grupo dirige Agua de Hermosillo, mientras la capital depende precisamente de la infraestructura que ellos combatieron políticamente.

No significa que Renato Ulloa opere el acueducto ni que sea responsable individual de cada falla. Pero sí significa que dirige el organismo encargado de recibir, distribuir y garantizar a la población el agua que llega por ese sistema.

Y el resultado está frente a todos.

El sistema de conducción desde El Novillo presenta fallas. El Acueducto Independencia acaba de sufrir una ruptura que interrumpió el flujo de agua. Sectores completos de la ciudad quedaron sin servicio. Miles de familias pasan horas o días esperando que vuelva a salir una gota de la llave.

Entonces la discusión ya no puede limitarse a decir que “se reventó un tubo”.

La verdadera pregunta es:

¿Cómo llegó Hermosillo al punto de depender de una infraestructura tan vulnerable, sin redundancia suficiente, sin capacidad inmediata de respaldo y sin una red capaz de resistir una falla sin dejar a media ciudad en crisis?

Después de tantos años al frente del sistema, no basta con explicar la emergencia. Hay que responder por qué no se previno.

Por otro lado para unos hay campos de polo, jardines y represos; para otros, tandeos y pipas.

La indignación aumenta cuando se compara la realidad de las colonias con la de ciertos desarrollos privados.

Mientras cientos de sectores enfrentan baja presión, tandeos y cortes prolongados, en Las Riberas permanecen los lagos, las arboledas, extensas áreas verdes y un campo de polo: uno de los deportes que más agua y mantenimiento de césped requieren.

Las Riberas parece un oasis en medio del desierto.

En esa zona existen además intereses inmobiliarios vinculados con integrantes de la familia Bours.

El contraste no demuestra por sí solo que haya una instrucción política para favorecer a ese desarrollo. Pero sí obliga a Agua de Hermosillo a explicar cómo es posible mantener lagos, jardines y campos de polo permanentemente verdes mientras familias enteras no pueden bañarse, lavar, cocinar o usar dignamente un sanitario.

En La Joya ocurre otro contraste políticamente sensible. Ahi tampoco falta agua porque ahí residen el alcalde Antonio Astiazarán y el gobernador Alfonso Durazo. El desarrollo pertenece a Norberto Larrinaga, quien durante años formó parte del órgano de gobierno de Agua de Hermosillo.

De alcalde a “Toño, el de las pipas”:

El Ayuntamiento ha presentado nuevas líneas telefónicas y una flotilla de pipas para atender a las colonias afectadas.

Pero una pipa no es una solución estructural. Es la evidencia de que el sistema falló.

Hermosillo es una ciudad cercana al millón de habitantes. Pretender enfrentar una crisis de esa magnitud con alrededor de diez pipas no es una política de abastecimiento: es administrar la desesperación.

Por eso el sarcasmo comienza a imponerse.

“Si no vive en Las Riberas o en La Joya y en su casa no hay agua, llame a las nuevas líneas del Ayuntamiento y pregunte si alguna de las pipas todavía está disponible para su colonia.”

Así, Antonio Astiazarán corre el riesgo de dejar de ser recordado como el alcalde de la energía solar o de las patrullas eléctricas y pasar a la historia como:

“Toño, el de las pipas”.

El derecho humano al agua obliga a poner primero a las familias, no los campos de polo, los jardines privados ni los desarrollos exclusivos.

Cuando una colonia vive de cubetas y otra permanece verde, no es escasez: es una decisión política.

Las pipas no son una solución. Son la prueba del fracaso. Y quien no puede garantizar agua en las casas, no debe seguir administrándola.

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