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LAS REVANCHAS DEL 2027

LAS REVANCHAS DEL 2027

Por Redacción Reportero H

A principios de este año, muy pocos veían a Célida López como una aspirante realmente competitiva para la gubernatura de Sonora en 2027.

Hoy el escenario parece distinto.

En semanas recientes, la exalcaldesa de Hermosillo ha comenzado a aparecer en posiciones relevantes dentro de distintas encuestas internas y mediciones vinculadas a Morena. Esta misma semana incluso apareció en una portada de El Universal junto con Javier Lamarque como uno de los perfiles visibles rumbo a la sucesión sonorense.

Y ayer, en entrevista con Michelle Rivera, dejó una frase que llamó la atención política:

“Si no es en 2027, será en 2030”.

Sin embargo, dentro de algunos círculos políticos esa declaración fue interpretada como un posible error estratégico.

¿Por qué?

Porque desde hace tiempo existe una versión recurrente en los pasillos políticos de Sonora: que la gubernatura de 2027 podría finalmente no ser de transición corta, sino regresar a un periodo de seis años.

La teoría que se comenta entre operadores políticos es simple: mantener públicamente la narrativa de una gubernatura “corta” reduciría el nivel de competencia real y desincentivaría a algunos perfiles fuertes de entrar de lleno a la contienda. En otras palabras: que algunos no “le echen tantas ganas”, mientras otros sí se preparan para una batalla completa de seis años.

Aunque no existe confirmación oficial sobre ese escenario, el rumor político ha persistido durante meses.

Otro de los argumentos que constantemente se utilizan contra Célida López es que ya perdió una vez frente a Antonio “Toño” Astiazarán cuando ambos compitieron por la alcaldía de Hermosillo.

Pero varios actores políticos consideran que el contexto hoy es completamente distinto.

En aquella elección, Alfonso Durazo conocía mucho más a Toño Astiazarán que a Célida López. Astiazarán había sido secretario particular de Durazo y además existe una relación personal y política de muchos años entre ambos grupos.

Hoy el escenario cambió.

Durazo ya tuvo a Célida López dentro de su gabinete durante aproximadamente cinco años, y dentro de Morena muchos consideran que la confianza política entre ambos creció de manera importante durante ese periodo.

También existe otro factor que varios operadores consideran determinante: una elección por la gubernatura no se parece a una elección municipal.

En una contienda estatal, el respaldo de la estructura federal y estatal pesa mucho más. Y dentro de Morena existe la percepción de que sin una ruptura con el grupo gobernante, sería extremadamente difícil para un candidato opositor competir contra una candidatura respaldada por la estructura oficial.

En el caso de Toño Astiazarán, algunos analistas consideran que su principal reto sería precisamente ese: cómo competir contra una maquinaria estatal y federal alineada.

Sobre Alfonso Durazo, dentro del ambiente político sonorense suele repetirse una idea: el gobernador no necesariamente decide quién será el candidato, pero sí tendría capacidad de veto político.

Y ahí aparece otro nombre clave: Javier Lamarque.

Aunque públicamente existe una relación cordial entre Durazo y Lamarque, algunos observadores consideran que el gobernador podría tener reservas sobre entregar demasiado poder a un perfil que no tiene capacidad de decisión y deciden por el en su casa.

Algunos incluso recuerdan el antecedente político de Durazo durante el gobierno de Vicente Fox, etapa en la que terminó alejándose del proyecto al considerar que Fox tampoco tenía control sobre las decisiones centrales y también decidían por el.

Mientras tanto, otro nombre que sigue apareciendo alrededor del 2027 es el de Damián Zepeda.

A diferencia de otros perfiles opositores, Zepeda tiene posicionamiento nacional, presencia mediática y una base importante de seguidores dentro y fuera de Sonora.

Por eso, dentro de algunos sectores existe sorpresa de que hasta ahora no haya mostrado señales claras de querer entrar de lleno a la contienda estatal.

Hay quienes consideran que, si la gubernatura termina siendo efectivamente de seis años, esta podría ser su mejor —y quizá última— oportunidad real para disputar el poder en Sonora.

Y en política, muchas veces las oportunidades no regresan dos veces.

Por ahora, lo único claro es que la pelea rumbo al 2027 ya empezó.

Y esta vez, muchos creen que será más larga, más dura y mucho más seria de lo que públicamente se está diciendo.

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