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¿Cómo se vería un verdadero “tiro limpio” rumbo a la gubernatura de Sonora en 2027?

¿Cómo se vería un verdadero “tiro limpio” rumbo a la gubernatura de Sonora en 2027?

La pregunta empieza a aparecer cada vez con más fuerza en círculos políticos y ciudadanos ante la percepción creciente de que las fronteras ideológicas entre partidos se han ido diluyendo en Sonora durante los últimos años.

Hoy, los perfiles más visibles rumbo a 2027 provienen de trayectorias políticas distintas, pero también marcadas por cambios de partido, alianzas pragmáticas y estructuras heredadas de otros grupos políticos.

En el PAN, la posible interna parece perfilar dos visiones muy diferentes.

Por un lado aparece Antonio Astiazarán Gutiérrez, quien para muchos representa más a la vieja estructura priista que al panismo tradicional. Aunque hoy gobierna bajo las siglas del PAN, tanto su formación política como gran parte de su círculo histórico provienen del PRI sonorense.

No solamente por su origen político, sino también porque varios perfiles relevantes de su entorno y gabinete tienen antecedentes en gobiernos priistas, particularmente en etapas vinculadas a Claudia Pavlovich Arellano.

Además, dentro de Sonora es ampliamente conocida la cercanía histórica entre Astiazarán y Alfonso Durazo Montaño —quien también viene del PRI—, así como la relación política y personal entre Durazo y Carlos Benito Astiazarán, tío del alcalde de Hermosillo.

Esa cercanía ha alimentado durante años interpretaciones políticas sobre posibles niveles de entendimiento entre grupos que oficialmente pertenecen a proyectos distintos.

La elección de Hermosillo en 2021 sigue siendo uno de los episodios más comentados dentro de Morena Sonora. Mientras gran parte del noroeste mostró un avance importante del partido oficialista, la capital sonorense permaneció bajo control de Astiazarán, derrotando a perfiles relevantes de Morena como Célida López y María Dolores del Río.

Aquella elección dejó sorprendidos a muchos dentro de Morena. Sin embargo, distintos análisis políticos locales sostienen que para Durazo el resultado aparentemente nunca fue visto como una ruptura total con Astiazarán.

Del otro lado aparece Damián Zepeda Vidales, identificado por muchos militantes como uno de los pocos perfiles que todavía representan al PAN doctrinario y tradicional.

Mientras Astiazarán representa una visión más pragmática y de acuerdos amplios entre grupos políticos, Zepeda es visto por sectores panistas como la posibilidad de recuperar parte de los valores originales del PAN, los cuales consideran que se han ido perdiendo en los últimos años.

En Morena ocurre algo similar. Javier Lamarque Cano construyó gran parte de su carrera dentro del PRD antes de llegar a Morena. Y en el escenario actual, distintos grupos políticos lo leen como un perfil con respaldo o simpatía desde el círculo presidencial de Claudia Sheinbaum Pardo, quien también inició una parte importante de su trayectoria en el PRD antes de Morena.

Eso deja un dato político interesante: de los perfiles más visibles rumbo a la gubernatura, el único que prácticamente no ha cambiado de partido durante toda su carrera política es Damián Zepeda.

Si esa lectura política se confirma, la elección de 2027 en Sonora podría tener una paradoja mayor: Lamarque sería visto como el candidato más cercano al grupo político de Sheinbaum, mientras Astiazarán sería percibido por distintos sectores como el perfil más cercano políticamente a Durazo.

Es decir: Morena podría no enfrentar solamente al PAN, sino a un perfil opositor con vínculos personales, políticos y familiares más cercanos al propio gobernador que a buena parte de la estructura panista tradicional.

Ahí aparece el verdadero fondo de la discusión:

¿qué tan distintas siguen siendo realmente las élites políticas de Sonora?

Para muchos ciudadanos, sería más honesto y más útil que los actores políticos se presentaran con el partido y la ideología con la que realmente se identifican, en lugar de formar bloques y alianzas únicamente para ganar elecciones.

Porque hoy muchos ciudadanos ya ni siquiera saben qué representa realmente cada partido.

La discusión entonces ya no parece ser solamente PAN contra Morena.

La discusión empieza a ser si en Sonora realmente existen proyectos políticos distintos o si al final gran parte de la clase política sigue viniendo de los mismos grupos, las mismas relaciones y las mismas estructuras de poder.

Y todavía más importante:

¿cómo se vería un verdadero “tiro limpio” en 2027?

Una elección donde los candidatos pudieran comprometerse públicamente a no permitir dinero del huachicol, del crimen organizado o de grupos criminales dentro de las campañas.

Porque esa es una de las preocupaciones más fuertes que existen hoy en México: que las elecciones terminen siendo utilizadas para lavar dinero.

Meter dinero sucio en campañas y después recuperarlo limpio mediante contratos públicos, concesiones, obras, permisos o protección política.

Y esa preocupación ya no es solamente teoría o conspiración. Durante años, distintas investigaciones, procesos judiciales y análisis de seguridad han advertido sobre el riesgo de infiltración criminal en gobiernos y procesos electorales en distintas regiones del país.

Por eso, más allá de partidos, slogans o campañas, la pregunta de fondo rumbo a 2027 podría ser otra:

¿cómo evitar que las decisiones políticas terminen siendo condicionadas por los carteles y por estructuras económicas criminales que cada vez tienen más dinero y más capacidad de influencia?

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