En el actual escenario político de Sonora, el perfil de Célida López comienza a generar comparaciones con la trayectoria que siguió Claudia Sheinbaum dentro de Morena.
Aunque en escalas políticas muy distintas, la trayectoria de Célida López en Sonora presenta varias similitudes con el perfil político que construyó Claudia Sheinbaum antes de llegar a la Presidencia de la República.
Ambas construyeron su crecimiento político desde gobiernos municipales. Claudia Sheinbaum gobernó Tlalpan antes de llegar a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México; Célida López gobernó Hermosillo.
Ninguna es identificada públicamente por grandes escándalos personales de corrupción. Por el contrario, ambas han estado vinculadas a decisiones o confrontaciones políticas relacionadas con casos de alto impacto.
En el caso de Claudia Sheinbaum, uno de los episodios más relevantes fue el relacionado con el combate al tráfico de combustible ilegal. En el caso de Célida López, destacó la cancelación de un contrato relacionado con alumbrado público que, según distintas versiones públicas, habría representado compromisos multianuales por miles de millones de pesos para Hermosillo.
Las dos, según distintas lecturas políticas dentro de Morena, habrían enfrentado resistencia interna o “fuego amigo” ligado al grupo político de Alfonso Durazo.
Durante la contienda interna rumbo a la Presidencia de la República, diversos sectores señalaron operaciones políticas internas contra Claudia Sheinbaum mientras Alfonso Durazo presidía el Consejo Nacional de Morena, una posición que debía representar imparcialidad.
En Sonora, también existen interpretaciones políticas de que Durazo habría favorecido políticamente a Antonio Astiazarán —sobrino de uno de sus amigos más cercanos— durante la contienda por la alcaldía de Hermosillo.
Aun así, ni Claudia Sheinbaum ni Célida López rompieron públicamente con Durazo.
Las dos han mantenido disciplina partidista y continúan defendiendo los principios y reglamentos de Morena, incluso cuando distintos actores internos parecen actuar en sentido contrario.
Tampoco ha sido sencilla para ambas la relación política con los grupos de relevo generacional ligados a Andrés López Beltrán y Alfonso Durazo Jr.
Morena surgió como un movimiento que cuestionaba las viejas estructuras de poder del PRI. Sin embargo, dentro del propio partido comienzan a surgir críticas por presuntos intentos de construir relevos políticos familiares o de círculos cercanos.
Andrés López Beltrán fue impulsado hacia la Secretaría General del partido, mientras que en Sonora existen lecturas políticas de que Alfonso Durazo Jr. buscaría proyectar políticamente a perfiles cercanos como Fernando Rojo de la Vega hacia la alcaldía de Hermosillo.
Ni Claudia Sheinbaum ni Célida López han construido estructuras familiares paralelas al poder. No existen figuras equivalentes a casos como el de Carlos Torres, esposo de Marina del Pilar, o Sergio Torres, esposo de Claudia Pavlovich.
Otra similitud relevante es que ambas han evitado hablar públicamente mal de sus antiguos jefes políticos, incluso cuando constantemente son cuestionadas sobre ellos.
Tanto Claudia como Célida parecen entender una regla básica del poder: los liderazgos pasan, pero las estructuras permanecen.
La pregunta ahora es otra:
Con la próxima visita de Claudia Sheinbaum a Hermosillo, la verdadera incógnita es si buscará reubicar políticamente a Alfonso Durazo de Sonora antes del 2027 mediante una embajada o una posición federal, para evitar que intervenga políticamente a favor de Antonio Astiazarán, sobrino de su mejor amigo Carlos Benito Astiazaran.
